Camino de Santiago

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Un poco de Historia

El Camino Portugués es una ruta medieval del Camino de Santiago que discurre hacia el norte desde el país luso y se adentra por Galicia a orillas del río Miño. Se trata de un itinerario de largo recorrido con el que se accede a Galicia desde tierras portuguesas.

De la Catedral de Santiago parte una de las calles con mayor encanto y vida nocturna de la capital gallega. Se trata de la rúa A Raíña, un espacio lleno de bares, restaurantes y bullicio. Una calle testigo de la historia y, según cuenta la tradición popular, del propio devenir jacobeo. Fue en ella, donde se alojó, sin pomba ni boato, y en un hospital para peregrinos, una de las más célebres caminantes reales de la vía lusa, Santa Isabel de Portugal, la esposa del rey Don Dinís.

Tras haber cubierto en el año 1325 una primera peregrinación a Santiago, repite experiencia una década después y se aloja en este humilde hospedaje del casco histórico compostelano. Tras su estancia, la calle acaba adoptando su nombre. Este testimonio da muestras del legendario compromiso de la corona lusa con el Camino de Santiago (Afonso Henríques ya arribó a Compostela en 1097 y Afonso II lo hizo en 1220), y sirve como prueba del largo recorrido histórico del trazado. El origen del Camino Portugués se remonta a los albores del fervor jubileo, nada más descubiertos en el año 813 los supuestos restos del Apóstol.

Tras unos titubeantes inicios altomedievales, la proyección jacobea en tierras lusitanas se consolida a partir de mediados del siglo XII, una vez independizado Portugal, y se mantiene constante, con un denso flujo de personas y a salvo de reformas y contrarreformas, hasta la época moderna. En el siglo XX la supuesta aparición de la Virgen a tres pastores en Fátima da pie a un santuario nacional en Portugal que oscurece al compostelano y reduce la tradición de caminar hacia Santiago al norte del país, donde muchas ermitas aún rinden honor al Apóstol. En los últimos años, y de forma pareja al crecimiento de otras rutas, se consolida una nueva peregrinación desde Portugal, con cifras que ya sitúan a este trazado como el segundo en cuanto a número de peregrinos.

Tui -para aquellos que solo tienen una semana para caminar- o Porto son, además, dos de las localidades preferidas como punto de partida del Camino Portugués. Hacia el norte por la costa, el centro o el interior a diferencia de otras rutas, donde el trazado es único –salvo en ciertas variantes- en Portugal se cumple esa máxima que reza que hay tantos Caminos de Santiago como peregrinos existen.

La variedad de vías de peregrinación, que avanzan hacia el norte por el interior, el centro o por la costa, complican la tarea de dotar a esta ruta a Santiago de una completa de red de albergues y de consolidar los distintos trazados, algunos de los cuales cubren todo el país vecino. De entre ellos, es el que parte de Lisboa y avanza hacia Valença la espina dorsal de la red jacobea lusa. Para su señalización fue determinante el empeño de varias asociaciones de amigos del Camino de Santiago, tanto gallegas como portuguesas, que lograron fijar este itinerario central y común.

Como guía y documentación se utilizaron como base los relatos realizados durante siglos por peregrinos ilustres del Camino Portugués. Uno de los más destacados fue el del sacerdote italiano Juan Bautista Confalonieri, quien peregrinó de Lisboa a Santiago a caballo en el año 1594. Su texto se guarda en la biblioteca del Vaticano. Una vez salvado el río Miño -frontera geográfica y política con Portugal- por el puente internacional (hasta 1884 se pasaba en una barca), los peregrinos se adentran en tierras gallegas, en un suave discurrir hacia el norte bien señalizado y que atraviesa aldeas, villas y ciudades históricas. Tui, con su amplio patrimonio relacionado con la vía de peregrinación, Pontevedra, con su Virgen Peregrina, o Padrón, donde la leyenda sitúa el lugar en el que los discípulos del Apóstol amarraron la barca que traía sus restos desde Palestina, son tan solo un ejemplo.

El trazado, de notables evidencias monumentales, salva diversos ríos a través de puentes de bella factura romana o medieval, como Ponte Sampaio, y se aprovecha, al igual que hicieron los caminantes medievales, de vías romanas que vertebraron la Gallaecia romana y continuaron en vigencia durante siglos, como la Vía XIX, también conocida como Itinerario de Antonino. Fueron estas calzadas las que guiaron a los caminantes en los primeros tiempos de la peregrinación y las que ayudaron a establecer entre Portugal y Galicia fecundos canales de intercambio cultural y económico.

Como puntos negativos del trazado se sitúan, en la actualidad, la N-550, la carretera que enlaza Vigo y A Coruña, y que se impone y superpone en muchos tramos del Camino portugués, y los diversos pasos sin barrera sobre la vía del tren que deben afrontar los peregrinos. A cambio, los viajeros gozarán en Galicia de un trayecto sencillo, sin grandes altibajos y con buenas panorámicas. Al llegar a la altura de Redondela las vistas sobre la ría de Vigo compensarán el excesivo asfalto.

De la importancia que tuvo desde la Edad Media el Camino Portugués dan fe los múltiples escudos, símbolos y tallas jacobeas que encuentra el caminante tanto en la zona norte del país luso –un punto significativo sería Coimbra- como en Galicia, y las leyendas y tradiciones que jalonan su trayectoria. Hay escritos populares que, incluso, sitúan en la costa entre Porto y Vigo el origen del uso de la vieira como emblemática jacobea a partir de un episodio protagonizado por un caballero que sale del mar cubierto de conchas. En el caso de Portugal, además, el milagro del Apóstol más famoso, el del peregrino acusado erróneamente de robo y enviado a la horca y el del gallo que resucita y se pone a cantar como prueba de su inocencia, ha llegado a dar al país una de sus simbologías más conocidas, la del gallo de Barcelos, representada en una pieza de cerámica de vivos colores.

La leyenda transcurre en esta histórica localidad del distrito de Braga (en el Camino Francés el escenario es Santo Domingo de la Calzada) y se centra en este caso en un peregrino gallego. Según la leyenda, el caminante, ya salvado de la horca, retornaría años después a Barcelos para esculpir el crucero del Señor del Gallo que se encuentra en el Museo Arqueológico.

A pesar de que aún queda mucho camino por recorrer con la recuperación de diversos trazados en Portugal -como el que une Faro con Lisboa, que permitiría al peregrino cruzar al país de un extremo a otro- o la dotación de una completa red de albergues desde Lisboa a Porto, los avances en esta ruta prosperan en los últimos años en paralelo al número creciente de caminantes. La señalización entre Porto y Santiago es correcta, sobre todo, en los tramos gallegos, con los sucesivos mojones de la Xunta con distancias kilométricas. Además, y si en el tramo portugués se apuran albergues municipales o privados para dar servicio a los peregrinos, en Galicia ya existe una completa red de alojamientos.

Este trazado cuenta, además, con la particularidad de atravesar núcleos de alta densidad demográfica, lo que asegura suficientes servicios a los caminantes. Su baja masificación, sus intercalados tramos de gran belleza y, si se arranca en Portugal, el innegable estímulo de recorrer dos países, juegan a favor de este trazado histórico, igualmente disfrutable tanto si lo recorres acompañado como si decides hacer el Camino de Santiago solo.

Buen Camino.

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La jornada transcurre en un entorno urbanizado y con excesivo asfalto; afortunadamente, en 2013 se acondicionó un itinerario alternativo por el espacio natural de As Gándaras y río Louro que evita el engorroso polígono industrial de O Porriño, el mayor de Galicia. Por otra parte, la única subida relevante de hoy es el ascenso a la capilla de Santiaguiño, en la que ganamos, desde el albergue de Mos, 147 metros de altitud en 3,1 kilómetros.

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Alberto Fernandez Alberto Fernandez de Andorra escribió el : 17 enero, 2018 a las 1:22 pm:
Todo el trato desde que solicitamos al reserva , el traslado , el alojamiento en el hotel , la calidad del menú y vuelta al camino ha sido de lo mejor que hemos visto, la amabilidad con la que nos trataron espectacular, volveremos a veros en otra edición.